Nosotros

Pareja 2412Un poco de historia...

Cuando tendría alrededor de 8 ó 9 años, recién tomando consciencia de las cosas ricas, conocí la gastronomía casera de mis abuelos: dulces, y  quesos de campo elaborados por ellos mismos.

En el corazón de una casa del barrio Villa Pueyrredón, en la Ciudad de Buenos Aires, mis abuelos libaneses, con quienes prácticamente me crié porque vivía en “la casa de al lado”, además de mostrarme cómo elaboraban sus quesos y dulces me hacían partícipe, del paso a paso del armado del queso artesanal llamado Shanklish.

Entre cacerolas, y sartenes de la cocina de mis abuelos, aprendí especialmente a degustar, una buena variedad de dulces frutales de papaya o mamón, higos, dátiles, nueces, maníes  y diversos frutos secos. Además, en las reuniones familiares y festivas, con largas mesas, mi abuelo Isaac era un ‘sibarita’ que nos enseñaba a mis primos y a mí, a degustar los exquisitos dulces y manjares árabes, entre ellos el mantecol árabe (halwa o halvah) y el pan de higos, que me encantaba.

Aprendí a valorar de los postres y dulces artesanales sus virtudes y a priorizar la calidad, y mi abuelo me decía:

‘Cada día un poco, para que lo aprecies siempre con verdadero sabor…’

Estos deliciosos manjares frutales y otros, me acompañaron en un buen trayecto de mi vida, en el festejo de mis alegrías y en el alivio de mis penas…Pasaron los años, y tras una búsqueda personal, quise revivir esos momentos que añoraba, volviendo a ponerme en contacto con esa cocina, artesanal, tan especial para mí…

Entre cursos de repostería y chocolatería, redescubrí mi verdadera pasión por expresar ese arte heredado de mis abuelos, no sólo buscando la calidad, sino el esmerado servicio en hacer lo mejor para los demás, como lo mejor para uno mismo…

Para quienes hacemos Dulces El Buda, es de vital importancia la calidad del producto final, de elaboración totalmente artesanal y natural.

Los invitamos a disfrutar y concretar las fantasías más sanas y nobles con ellos…

Norberto